Letras de tango
A Buenos Aires
Música: Edmundo Rivero
Letra: Edmundo Rivero
(milonga)
En tu baraje gringo, ciudad mía,
vas perdiendo tus zarzos y tu brillo.
Tu malevaje está en la taquería
y apoliya en orsay tu conventillo.

Sos cadenera, flor sin berretines,
que currás a los cuores con tu rango;
pero el choma que aceita tus patines
es canchero y varón, se llama tango.

Mis escoberos siempre harán candado
y en mi bobo de zurda sin falsía,
aunque te dieron juego marquillado
pa’ mí vos valés más que una María.

Yo seguiré scruchando en tu lunfardo
sin monseñor, jirafa, ni bandera.
Y mi vos artillera será el bardo
que te cante la rima más canera.

Cuando llegue al final, si la de blanco
me lleva con el cura antes que al hoyo,
que el responso sea en lunfa, así lo manco.
Yo no aprendí el latín, de puro criollo.

Y así estarás feliz, matina y sera,
más contenta que santo en la leonera.

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A Don Nicanor Paredes
Música: Astor Piazzolla
Letra: Jorge Luis Borges
(milonga)
Venga un rasgueo y ahora,
con el permiso de ustedes,
le estoy cantando, señores,
a Don Nicanor Paredes.
No lo vi rígido y muerto.
Ni siquiera lo vi enfermo.
Lo veo con paso firme
pisar su feudo, Palermo.

El bigote un poco gris,
pero en los ojos el brillo,
y cerca del corazón
el bultito del cuchillo.
El cuchillo de esa muerte
de la que no le gustaba
hablar... Alguna desgracia
de cuadreras o de tabas.

(Recitado)
De atrio más bien fue caudillo,
si no me marra la cuenta,
allá por los tiempos bravos
del ochocientos noventa.
Si entre la gente de faca
se armaba algún entrevero
él lo paraba de golpe,
de un grito o con el talero.

Ahora está muerto y con él
cuánta memoria se apaga
de aquel Palermo perdido
del baldío y de la daga.
Ahora está muerto y me digo:
—¡Qué hará usted, Don Nicanor,
en un cielo sin caballos,
ni envido, retruco y flor!

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A Homero
Música: Aníbal Troilo
Letra: Cátulo Castillo
Fueron años de cercos y glicinas,
de la vida en orsay, del tiempo loco.
Tu frente triste de pensar la vida
tiraba madrugadas por los ojos...
Y estaba el terraplén con todo el cielo,
la esquina del zanjón, la casa azul.
Todo se fue trepando su misterio
por los repechos de tu barrio sur.

Vamos,
vení de nuevo a las doce...
Vamos
que está esperando Barquina.
Vamos...
¿No ves que Pepe esta noche,
no ves que el viejo esta noche
no va a faltar a la cita?...
Vamos...
Total al fin nada es cierto
y estás, hermano, despierto
juntito a Discepolín...

Ya punteaba la muerte su milonga,
tu voz calló el adiós que nos dolía;
de tanto andar sobrándole a las cosas
prendido en un final, falló la vida.
Yo sé que no vendrás pero, aunque cursi,
te esperará lo mismo el paredón,
y el tres y dos de la parada inútil
y el resto fraternal de nuestro amor...

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A bailar
Música: Domingo Federico
Letra: Homero Expósito
¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!

Sobre el fino garabato
de un tango nervioso y lerdo
se irá borrando el recuerdo...

¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!

El último tango perfuma la noche,
un tango dulce que dice adiós.
La frase callada se asoma a los labios
¡y canta el tango la despedida!
¡Vamos! ¡A bailar!
Tal vez no vuelvas a verla nunca,
y el último tango perfuma la noche
y este es el tango que dice el adiós.

¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!

Quedará el salón vacío
con un montón de esperanzas
que irán camino al olvido.

¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!

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A la luz del candil
Música: Carlos Vicente Geroni Flores
Letra: Julio Navarrine
¿Me da su permiso, señor comisario?
Disculpe si vengo tan mal entrazao,
yo soy forastero y he caido al Rosario,
trayendo en los tientos un güen entripao.
Acaso usted piense que soy un matrero,
yo soy gaucho honrado a carta cabal,
no soy un borracho ni soy un cuatrero;
¡Señor comisario... yo soy criminal!...

¡Arrésteme, sargento,
y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente,
que me perdone Dios!

Yo he sido un criollo güeno,
me llamo Alberto Arenas.
¡Señor... me traicionaban,
y los maté a los dos!
Mi china fue malvada,
mi amigo era un sotreta;
cuando me fui a otro pago
me basureó la infiel.
Las pruebas de la infamia
las traigo en la maleta:
¡las trenzas de mi china
y el corazón de él!

¡Párese, sargento, que no me retobo!...
Yo quiero que sepan la verdad de a mil...
La noche era oscura como boca'e lobo;
Testigo, solito, la luz de un candil.
Total, casi nada: un beso en la sombra...
Dos cuerpos cayeron, y una maldición;
y allí, comisario, si usted no se asombra,
yo encontré dos vainas para mi facón.

¡Arrésteme, sargento,
y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente,
que me perdone Dios!

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A media luz
Música: Edgardo Donato
Letra: Carlos Lenzi
Corrientes 3, 4, 8,
segundo piso, ascensor.
No hay porteros ni vecinos.
Adentro, cocktail y amor.
Pisito que puso Maple:
piano, estera y velador,
un telefón que contesta,
una victrola que llora
viejos tangos de mi flor
y un gato de porcelana
pa' que no maulle al amor.

Y todo a media luz,
que es un brujo el amor,
a media luz los besos,
a media luz los dos.
Y todo a media luz
crepúsculo interior.
¡Qué suave terciopelo
la media luz de amor!

Juncal 12, 24
Telefoneá sin temor.
De tarde, té con masitas;
de noche, tango y cantar.
Los domingos, tés danzantes;
los lunes, desolación,
Hay de todo en la casita:
almohadones y divanes;
come en botica, cocó;
alfombras que no hacen ruido
y mesa puesta al amor.

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A medianoche
Música: Juan Maglio
Letra: Enrique Dizeo
Cuando el suburbio dormita,
bajo la lluvia o en noche serena,
cruza como un alma en pena
las tristes calles una viejecita.

Anda vagando hasta el alba
y en las sombras se suele ocultar,
pobre mujer, camina sin cesar
llevando a cuestas todo su penar.

La gente buena de los barrios bajos,
esos humildes que saben su historia,
dicen que un día su nietecita,
la muy malita, dejó el hogar.

Y desde entonces, invierno y verano,
a medianoche la vieja,
vive con su amarga queja
sumida en la soledad.

Y así se pierde por los arrabales,
hecha una piltrafa humana,
porque en su vida tirana
no halló más que falsedad.

Como un gemido doliente,
llena de harapos, cabizbaja y mustia,
siempre se le ve silente
con todo el peso de su negra angustia.

Y maldiciendo la suerte,
que en su pecho congojas dejó,
llora su fin al ver que ya perdió
el dulce amor que de ella se olvidó.

Tal vez la nieta malvada y mezquina
hoy no se acuerde de su tierna abuela.
Sólo sabe que está dormido
el pobre nido que abandono.

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A mi madre
Música: Carlos Gardel / José Razzano
Letra: Andrés Cepeda
(estilo)
Ven lira bella y gloriosa
no me niegues tu armonía
dame con tu melodía
una inspiración grandiosa;
tú que siempre bondadosa
fuiste con todo cantor
no le niegues un favor
a un alma abatida y triste
tengo madre y como existe
cantarle quiero mi amor.

Deja que a tu bello son
vaya mi lamento unido
y que así llegue a su oído
de mi madre esta canción;
en ella va la expresión
de mi profundo cariño
y aunque van en mal aliño
todas las frases que enlazo
a ella le dirán de paso
cuánto la amé desde niño.

¡Pobre madre! yo tal vez
culpable soy en la vida
de ese dolor sin medida
que sientes en la vejez,
y tú en cambio en mi niñez
me diste vida y calor
me besaste con amor
en la flor de mi existencia
y yo con indiferencia
sólo te he dado dolor.

Tú en tu seno me llevaste
y cuando vine a la vida
hermosa madre querida
de caricias me llenaste
amorosa me besaste
en aquella edad temprana
para contemplar mañana
llena de pena y tristeza
sobre tu hermosa cabeza
por mí la primera cana.

Perdóname madre mía
no maldigas mi existencia
dale de tu amor la esencia
a un alma triste y sombría
no me niegues tu armonía
que te pido en mi dolor
el mundo con su rigor
me ha dado tanta amargura
que sólo yo en tu ternura
espero encontrar amor.

Cesa, cesa de vibrar
lira bella y armoniosa
mi voz triste y quejumbrosa
se empieza a debilitar,
cesa si no he de regar
con mi llanto tu encordado
bondadosa me has prestado
en el mundo un gran favor
para cantarle mi amor
a aquella que el ser me ha dado.

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A mi madre (Con los amigos)
Música: Carlos Gardel / José Razzano
Letra: Almafuerte (Palacios, Pedro)
(canción)
Con los amigos que el oro me produjo,
las horas con afán pasaba yo,
y de mi bolsa, el poderoso influjo;
todos gozaban de esplendente lujo
pero mi madre, no.

¡Pobre madre!... Yo de ella me olvidaba
cuando en brazos del vicio me dormí
un inmenso cortejo me rodeaba
de mis afectos, a nadie le faltaba,
¡pero a mi madre... Sí!...

¡Hoy moribundo en lágrimas deshecho!
Exclamo con dolor todo acabó,
al ver que gime mi angustiado pecho
todos se alejan de mi pobre lecho
¡pero mi madre... No!...

Y cerca ya del último suspiro
todos se alejan, por lo que hay en mí.
La vista en torno de mi lecho giro
en mi triste derredor a nadie miro
¡Pero a mi madre... Sí!...

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A mis manos
Música: Alfredo Gobbi
Letra: Julio Camilloni
(milonga)
Mis manos nacieron ciegas
y acunan sus locos sueños.
No saben que no se puede
tocar con ellas el cielo.
Por eso golpearon puertas
que a mis golpes no se abrieron.
Ella ya estaba lejana
y yo fui un mendigo ciego.

Mis manos fueron dos llamas
y solas se consumieron
porque ella fue indiferente
como una estatua de hielo.
Por eso las tengo ahora
como si fueran de yeso,
dos manos desesperadas,
aferradas a un recuerdo.

¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Mis manos puse en las manos
de un amigo y tuve miedo.
No fueron manos leales,
se cumplió el presentimiento.
La vez que se hicieron puño
fueron dos puños de acero
y me golpearon el rostro
por no golpear rostro ajeno.

¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Soldado del infortunio
llevo un brazalete negro.
¡Se llevaron a mi madre
y ellas no la detuvieron!
Fue el error más lamentable
que mis manos cometieron...
Ayudaron a llevarla...
¡Nunca sabrán lo que han hecho!

¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!

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A mí no me den consejos
Música: Francisco Canaro / Luis Riccardi
Letra: Juan Andrés Caruso
Todo el mundo tiene el bien de aconsejarme
como a pibe que ha faltado a sus deberes.
Me aconsejan que debía de cuidarme
y no ven que es suicidarme renunciar a mis placeres.
Me aconsejan que no gaste, que no chupe,
que no juegue ni una ficha a la ruleta
y que guarde lo que el viejo me dejó.
Pero yo quiero el escabio y las pebetas,
¡lo demás son fantasía del poeta Campoamor!

A mí no me den consejos,
¡Denme plata, mucha plata!
Quiero derrochar la vida
gozando mi juventud.
A mí no me den consejos,
déjenme de esas macanas.
¡Qué me importa del mañana,
si hoy soy, con plata y salud,
más feliz que bataclana
que ha triunfado en su debut!

Yo conozco más de cuatro que con vento
pretendieron llevar una vida seria,
los cacharon, ahí nomás p'al casamiento,
y, a pesar de todo el vento, pasan vida de miseria.
Yo no soy un candidato p'al casorio,
y me siento muy feliz y acomodado
con los miles que de los viejos heredé.
Y oigan bien: ¡Ya me tienen muy cansado
los que dicen que algún día me voy a quedar de a pie!

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A pan y agua
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
En mi triste evocación surge
el tiempo que se fue.
¡Cuántos años han pasado
y parece que fuera ayer!
¿Dónde está la que amé?
¿Dónde está la que olvidé?
El recuerdo me entristece
y anochece en mi corazón.

Viejo Palermo de entonces
hoy regresas a mi mente.
Cuántos amigos ausentes
como yo recordarán...
esas noches de verbena,
esas noches de alegría,
y este tango que se oía
entre copas de champán...

(Hablado) A pan y agua...

Tango que viene de lejos
a acariciar mis oídos
como un recuerdo querido
con melancólicos dejos.
Tango querido de ayer,
qué ventarrón te alejó.
Junto con ella te has ido
y hoy la trae tu evocación.

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A quién le puede importar?
Música: Mariano Mores
Letra: Enrique Cadícamo
Gime, bandoneón,
grave y rezongón
en la nocturna verbena.
En mi corazón
tu gangoso son
hace más honda mi pena.
Con tu viruta sentimental
vas enredando mi viejo mal,
un viejo mal que me ha dejado
enamorado,
arrinconado,
y olvidado para siempre.
Sin una sola caricia
que mi tristeza mitigue
su risa mala me persigue
y me persigue,
mientras sigue
tu responso, ¡bandoneón!

A quién le puede importar
¡che bandoneón! que he sido bueno.
A quién le puede importar
el novelón del mal ajeno.
Si a ella que fue mi querer
no le importó mi abatimiento.
A quién le puede importar
¡che bandoneón! mi sufrimiento.

Suena menos gris
tango, para mí.
Sé que jamás la encontraré.
Te saldré a bailar
para disfrazar
el drama que llevo adentro.
En otros brazos me engañaré,
en otras bocas me aturdiré
aunque sus ojos y su risa
me persigan
y me sigan
y me digan que la quiero.
Iré a borrar el fantasma
de aquel amor siempre atento,
así termina este lamento
y el tormento de este cruento
sufrimiento...
¡Bandoneón !

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A su memoria
Música: Antonio Sureda
Letra: Homero Manzi
(vals)
Hoy vuelves del recuerdo, madre mía,
envuelta en la penumbra del pasado,
trayendo la nostalgia de los días
que en horas de placer hube olvidado.

Y al ver que fue tu amor, tu amor perdido
el único cariño sin engano,
te llora más el corazón vencido
y busca en el olvido
tu palabra de perdón.

En el silencio triste
de mi fracaso,
resuenan tus canciones,
rondan tus pasos.
Y siento que retornas
pálida y buena,
para borrar las penas
de mi soledad.

Y en el milagro extraño
de ser tu niño,
revivo la presencia
de tu cariño.
Perfume de tu pelo,
luz de tus ojos,
calor de tu consuelo,
rumor de tu voz.

Vendrás, siempre, vendrás,
a consolar mi mal
cuando mi cerrazón busque luz,
cuando mi corazón te nombre más.

Y sé que volverás
la mano en bendición,
trayendo tu perdón
en un beso de paz.

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A tu ventana
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Ambrosio Río
Vine al pie de tu vieja ventana, mi bien,
a ofrecerte, mi vida este canto de amor,
porque quiero que sepas que te amo, mi edén
y te siento latir en mi fiel corazón.
Yo quisiera, mujer, que comprendas
el cariño tan leal que te tengo
que me paso las horas pensando
y es esa la causa que yo ya ni duermo.

He traído del campo estas flores que ayer
arrancaron mis manos con ansias por ti,
porque quiero mirarte contenta, mujer,
y mostrarte que yo moriría por ti.
Si un intérprete fueras, entonces
sentirías igual que yo siento,
un amor tan extraño y tan dulce,
aue al no realizarse sería un infierno.

Asoma tu carita y no me hagas más sufrir,
te lo pido por lo que más quieras, mi amor
si al no verte sería capaz de morir
de cariño quizá o de extraño dolor.
Los culpables han sido tus ojos
y tus labios los cómplices fueron,
que me tienen igual que a un esclavo
y soy si se quiere tu fiel prisionero.

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Abandono
Música: Pedro Maffia
Letra: Homero Manzi
Llega el viento del recuerdo aquel
al rincón de mi abandono
y entre el polvo muerto del ayer
también volvió tu querer.
Yo no sé si vivirás feliz
o si el mundo te ha vencido
viviendo sin querer vivir
buscás la paz de morir.

Duda de tu ausencia y de mi culpa
pena de tener que recordar
sueño del pasado que me acusa
manos que no quieren perdonar,
dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas que se obstinan en volver.

Ya no sueño que retornarás
al fracaso de mi vida
ni tampoco que en tu palpitar
tendré un afán para andar.
Sólo quiero que si estás también
en la cruz del abandono
sepas olvidarme en su perdón...
Total, mirá lo que soy.

Pena de tu ausencia sin retorno
pena de saber que no vendrás,
pena de escuchar en mi abandono
voces que me acusan al llegar.
Dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas del ayer feliz.

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Absurdo
Música: Virgilio Expósito
Letra: Homero Expósito
(vals)
Ayer estaba recordando
tu casa... mi casa...
¡Portal donde la luna se aburrió esperando,
cedrón por donde el tiempo se perfuma
y pasa!
Y al ver que nos pusimos viejos
y estamos más solos,
siento un vals en tu piano llorar
y me pongo a pensar
si no llora de amor.

Era la era primera
que apaga la ojera
y enciende el rubor,
y una noche -¿te acuerdas?- un beso
debajo del cerezo
sellaba nuestro amor.
Pudo el amor ser un nudo
mas dudo que pudo
luchando vencer...
Una casa era pobre, otra rica...
Fácilmente se explica que
no pudo ser.

Así, por el recuerdo, lloro
tu casa... mi casa...
Tu amor, que está marchito en un estuche de oro
mi amor, que al fin -de darse- se quedó
sin brasas...
Y al ver que nos pusimos viejos
y todo fue en vano,
siento un vals en tu piano llorar
y me pongo a pensar
si no llora de amor.

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Abuelita, ¿qué hora son?
Música: Roberto Díaz
Letra: C. Oreste
La querida viejecita se pasaba todo el día
pensativa y silenciosa recostada en el sillón;
blanco el rostro, el cabello y el batón que la vestía,
semejaba una escultura puesta en la melancolia
de un rincón del comedor.

Sus tres nietos, los risueños, tres alegres angelitos,
angelitos con la cara más esplendida que el sol;
ellos solos la rodeaban de placeres infinitos
cuando en torno de su silla la aturdian con sus gritos:
Abuelita, ¡qué horas son!

Todas, todas las mañanas al regreso de la escuela,
cuando el golpe acompasado se escuchaba del reloj,
los hermosos nietecitos con sus pasos de gacela
se acercaban, y de pronto preguntaban a la abuela: . . .
Abuelita, ¿qué horas son?

Y a la tarde y a la noche siempre el mismo movimiento,
siempre el mismo ruido hacian de la abuela en derredor
y la buena viejecita no ocultaba su contento
cada vez que los tres niños levantaban el acento: . . .
Abuelita, ¿qué horas son?

Hoy he visto a los tres niños que con luto en el vestido
se entregaban a sus juegos, a aquel juego repetido
y cantaban como antes... pero no escuchó mi oido: ...
Abuelita, ¿qué horas son?

Y apartándose de pronto el mayor de los hermanos,
acercóse al rinconcito del oscuro comedor...
Y al mirarlo tan vacío... tan igual a los arcanos,
al reloj alzó sus ojos y juntando las dos manos
sollozó junto al sillón.
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Abuelito
Música: Alberto Laporte / Carlos Cabral
Letra: Eduardo Trongé
No tome más, abuelo, y deje el vino,
no tome más Tatita, es una pena,
que con la fiesta, abuelito, un vecino
vino a esta mesa alegrando nuestras penas.
No tome más y cuénteme esa historia,
del tiempo aquel en que su amor vivía,
que yo, esta vez, arrimándome a su silla
lo escucharé quietecito y sin hablar.

Y el pobre abuelo a mis ruegos
ocultando sus pesares,
me hizo sentar junto al fuego
y de este modo me habló:
Cierra la puerta, la luz apaga,
que con las sombra viene mi amor.
Esa que un día, hace ya tiempo,
vistió de luto mi corazón.

(recitado)
Si vieras vos qué criolla de ojos negros,
de altivo andar, risueña y juguetona,
de blanca tez, cariñosa y comadrona,
ah... clavel de amor florecido en mi recuerdo.

Si vieras vos con qué ansias la quería,
con cuánto amor hicimos nuestro nido...
Pero una noche, la mano del destino
se la llevó de mi lado junto a Dios.

Hoy que me vencen los años,
ya la muerte está en acecho;
viejo, venciodo y maltrecho,
siento que la quiero más.
Ya sabe, nieto, la cruel herida
que en esta vida supe ocultar.
Así, una noche triste y de duelo,
mi pobre abuelo me hizo llorar.

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Acquaforte
Música: Horacio Pettorossi
Letra: Juan Carlos Marambio Catán
Es media noche. El cabaret despierta.
Muchas mujeres, flores y champán.
Va a comenzar la eterna y triste fiesta
de los que viven al ritmo de un gotán.
Cuarenta años de vida me encadenan,
blanca la testa, viejo el corazón:
hoy puedo ya mirar con mucha pena
lo que otros tiempos miré con ilusión.

Las pobres milongas,
dopadas de besos,
me miran extrañas,
con curiosidad.
Ya no me conocen:
estoy solo y viejo,
no hay luz en mis ojos...
La vida se va...

Un viejo verde que gasta su dinero
emborrachando a Lulú con el champán
hoy le negó el aumento a un pobre obrero
que le pidió un pedazo más de pan.
Aquella pobre mujer que vende flores
y fue en mi tiempo la reina de Montmartre
me ofrece, con sonrisa, unas violetas
para que alegren, tal vez, mi soledad.

Y pienso en la vida:
las madres que sufren,
los hijos que vagan
sin techo ni pan,
vendiendo "La Prensa",
ganando dos guitas...
¡Qué triste es todo esto!
¡Quisiera llorar!

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